Nuevamente bien aconsejada y nuevamente con una ayuda de excepción, he vuelto a hacer traslado. Como eso de estar todas las vacaciones cargando cajas y montando muebles parece que me ha sabido a poco, vuelvo a cambiar de ubicación. Virtual, se entiende. Aunque conociéndome un mínimo, un nuevo cambio físico no sería tan de extrañar. 

 

Con este blog, que, por lo que dicen (yo sigo de momento siendo una ignorante en lo que a prestaciones informáticas se refiere), es más versátil que el anterior, los comentarios que queráis hacer se pueden incorporar con mayor facilidad. Pero lo que sin duda me ha terminado de convencer para hacer la mudanza es que este nuevo espacio me permite contar con el asesoramiento de verdaderos expertos que lo trabajan, y cómo, día a día. En concreto cuento con el saber, y el saber dedicar tiempo y paciencia, de una amiga. Una compañera de viaje de la que sabes que no sólo acompaña en el camino sino que es de esas con las que cruzas la mirada y la sonrisa cuando llega o sale el tren porque simplemente, siempre, está. Como es, precisamente, la que me ha aconsejado eliminar los nombres propios, no la mencionaré. Tampoco hace falta hacerlo.

El diseño del anterior, del que debo decir que me he sentido orgullosa, aparece casi al milímetro. Tan sólo un detalle que me gustaba (aún) no sabemos cómo se podría incorporar. La canción.

 

Pensándolo bien, a la larga es mejor porque podría pecar de pesada y perder la fuerza que hizo que me sobrecogiera cuando la escuché y la eligiera para la página. Elegida por ser una canción que hace que te invada la sensación de soledad no deseada, de estar totalmente perdido/a en medio de la gente… y de poder cambiar esa sensación, de poder cambiar este mundo loco, de poder ampliar tu mundo.

  Y hoy dedicada a mi maestra bloguera

  

  

 

Anuncios