Gracias por vuestros comentarios, por todos, y en todos los lugares (blogs, grupos, foros, etc.) donde los habéis hecho. Me resulta complicado contestar a las palabras que estáis dejando. El significado y la procedencia de esos retales… ¿Que decir?. ¡Me tenéis emocionada!.

Ya comenté que no quería llegar a pasarme de un cierto grado de intimismo, entre otras cosas, y a muchos/as de vosotros/as ya os lo he comentado en alguna ocasión, porque me da mucho pudor. El anonimato es un buen aliado. Pero el alias de “El vuelo de la Libélula” no deja de ser un seudoanonimato. Cierto es que tan sólo una reducida parte de “mi mundo” participa del mundo de los blogs. Pero también es cierto que esa parte, por no decir la mayoría, de los que lo hacéis, me conocéis. Bien personalmente o bien por mi participación en foros y grupos con mi identidad –no la real, porque esta también lo es-, pero sí, oficial.

Ese pudor, la vergüenza que da el sentirse desnudo/a, que quería evitar intentando no entrar en cuestiones excesivamente íntimas, veo, sobre todo a raíz de vuestros comentarios, que va a ser imposible apartarlo. Entre otras cosas porque ¿qué hay más íntimo que “la aventura de convertirse en familia”, que es, al fin y al cabo, lo que me ha llevado a escribir estas páginas?. De modo que, aunque ruborizada, continuaré quitándome ropa.

Gracias por considerarme una persona valiente y solidaria. Creo serlo, pero desde luego no por adoptar. En realidad en más de una ocasión me he llegado a sentir egoísta. Porque, ante todo, estoy cumpliendo el deseo de ser madre. El ser madre y  el ser madre adoptiva es algo que siempre he tenido claro. No sabía ni en qué momento ni en qué circunstancias de mi vida, si sería estando casada, o incluso cuando ya tuviera algún hijo biológico, o soltera, como es el caso, pero nunca he tenido dudas respecto a la adopción.

Por otro lado, son muchos/as los/as niños/as que, como yo, necesitan y desean formar una familia. Pero, a diferencia de mí, ellos y ellas tienen el derecho a tener una familia, a vivir en un ambiente de protección, a sentirse queridos. La de Beatriz San Román es una de las mejores definiciones que he leído de adopción, “un puente que une una necesidad y un deseo: la necesidad que un niño tiene de encontrar una familia y el deseo que tiene el adoptante de ser padre”

No es valentía.

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