Vietnam


Todo el mundo, desde el comienzo de este proceso, coincidía en recalcarme, como si, aunque lo supiera, no hubiese llegado a comprenderlo del todo o a ser plenamente consciente, que debía armarme de paciencia. Que aunque la espera es larga, la sentiría eterna, que “todo llega” pero que tendría una sensación constante de que el tiempo no pasaría, y de que las agujas, más que moverse, se arrastrarían por la caja del reloj.

 

Ya he experimentado esa sensación y sólo estoy en la línea de salida. Sin embargo, últimamente tengo la impresión, justamente contraria, de que el tiempo corre demasiado aprisa. Demasiado rápido para que el gobierno de Vietnam pueda ofrecer plenas garantías en sus adopciones internacionales, antes de que me llamen para la firma de elección de país. Y debo tener claro un país. Debo decantarme, tengo que volver a decidir, ahora en una etapa a contrarreloj, lo que ya en su momento hice con muchísima calma, y no menos ansiedad. Y me estoy redescubriendo. Me consideraba una persona con bastante iniciativa e independencia emocional y no soy más que pura indecisión andante. Todo un ejército de decisiones se ha aliado en importancia y transcendencia para retarme en una batalla a la que me tengo que enfrentar, sin la tregua que da el tiempo, sin enemigos y sin poder hacer prisioneros y sin mi arma fundamental, la filosofía O’hara. El “ya lo pensaré mañana”, ha dejado de ser efectivo y me recuerda continuamente que, ni soy Escarlata, ni el mañana es mañana. Es hoy.

 

He deseado Vietnam, pero un Vietnam sin recovecos, con todas sus curvas, pero sin sombras. He soñado con Vietnam y, sin necesidad de hacer visitas, he aprendido a quererlo y ha pasado a formar parte de mi vida. Con esta decisión he combatido más que con otras muchas, porque ya luché con ella y la creí vencida. Pero volvió a convertirse en duda cuando comenzaron los avisos, las alarmas y las llamadas de atención ante situaciones que aunque pudieran ser legales y estar controladas en destino podían no estarlo en origen. Y el origen es el principio. Y en el principio comienza todo y por eso…, todo comienza desde el principio.

 

He necesitado de muchas conversaciones, de muchas lecturas y de muchas lágrimas. He llorado como hacía tiempo que no lloraba, y me he oxigenado. He pedido y agradecido consejos, he escuchado y he expuesto. He vivido muchos más sábados en Vietnam . Y al final,  llegó el domingo, una triste y a la vez feliz – o al menos calma- tarde de domingo. Al releer lo que yo misma había escrito hace apenas una semana no necesité seguir pensando,  descubrí que ya, en aquel momento, lo tuve claro. Que he estado albergando esperanzas de que se produjera algún cambio, siendo consciente de que el tiempo no me iba a dar la ventaja que necesitaba. Como así ha sucedido.

 

No es que firme mañana, ni quizá siquiera la semana que viene, probablemente sea la próxima, pero quiero ser justa. Y para ser justa, debo conceder el tiempo que yo no he tenido; mi decisión merece su duelo y mi elección su entusiasmo. 

 

Así que, con un sentimiento agridulce, me despido de Vietnam, confiando en que algún día volveré a decirle “bonjour”, confiando en encontrar un pequeño dragón vietnamita cuando mi conciencia, como ya lo hace mi corazón, sea capaz de abrazarlo sin miedos, sin dudas y sin reservas.

 

Emprendo una nueva ruta a otra tierra maravillosa con la sensación de formar parte de la gran familia adopvietnamita, con un sentimiento de enorme agradecimiento por haber compartido tanto y un deseo aún mayor de que los expedientes se resuelvan de la manera más segura posible y con agilidad, y de que las familias se encuentren pronto con sus amores, con sus tesoros vietnamitas. 

 

¡¡¡Mucha suerte!!!

 

Yo viraré. He dado otro tirón al hilo rojo y la libélula, en su vuelo, ha girado rumbo al sur, hacia mi querida África. Mi estrella no será -por el momento- oriental, será de España (de Andalucía), y de Senegal. Será una estrella… De Buganvilla y Baobab

Me cuesta creer que la especie humana pueda llegar a ser tan miserable. Y que genere tanta miseria.

 

Suelo ser bastante benevolente con la mayoría de las personas y, hasta ahora, mi experiencia con la gente me ha dado cuartelillo para seguir concediéndome ciertas licencias que no todo el mundo suele permitirse. Siempre, y desde el principio, doy un voto de confianza. Prejuzgo, lógicamente, y porque soy humana lo hago, pero con mucha cautela. Aprendí hace ya, ni recuerdo, que los prejuicios, además de ser generadores de estereotipos, discriminación y desigualdad, son un mero instrumento de economía cognitiva a la hora de poder enfrentarse al mundo. Así que, en ese intento de conocer y entender, procuro etiquetar lo menos posible mientras obtengo nuevos datos sobre los que formarme una opinión algo más rigurosa que la que suele desprenderse de las primeras impresiones.

 

He dudado mucho antes de escribir esto. Incluso he dicho a tres personas distintas y en tres momentos diferentes que no lo iba a hacer. Pero como quienes a los que se lo dije me conocen bien, estoy segura de que se sonríen mientras leen lo que sabían que, aunque no me apetecía, iba a terminar haciendo.

 

El pasado diciembre se firmó el Convenio entre España y Vietnam sobre cooperación en materia de adopción. Durante los primeros meses de 2008 se han ido acreditando diferentes ECAIs tanto en Vietnam como en las Comunidades Autónomas, para comenzar a tramitarse a finales de verano los primeros expedientes de adopción. A mi todavía me queda… no quiero ni pensarlo… ¿o sí?.  En breve, al menos eso espero, tendré que elegir  “oficialmente” el país en el que tramitar la adopción. Oficiosamente es Vietnam. Llegar a esa conclusión fue para mí una dificilísima decisión, sobre todo, y además de por otras muchísimas cuestiones que no vienen ahora al caso, por la propia renuncia que implica cualquier elección.

 

Y en pleno proceso de enamoramiento del país, en un momento de total convicción y de fortalecimiento de una importantísima decisión, que además me atrevo a compartir, comienzo a oir lo que nadie quiere oir sobre las adopciones en Vietnam y a leer informaciones que duelen , como una carta de CORA (Coordinadora de Asociaciones en defensa de la Adopción y el Acogimiento) a las autoridades, en la que se solicita el  cierre de las adopciones en Nepal y en Vietnam, por ser dos países en los que no se dan las circunstancias necesarias para una adopción con garantías.

 

No dudo en la legalidad de los procedimientos y en el correcto seguimiento por parte de España. Confío en las autoridades españolas y en el buen hacer de las ECAIs, pero quienes han dado la voz de alarma también confían en ellas. Son los gobiernos de Nepal, Vietnam y otros tantísimos países los que no tienen aún los mecanismos para garantizar estos procesos.

 

Últimamente están proliferando los programas sobre la adopción, sobre la cara oscura de la adopción internacional. Es como cuando te haces una herida en un dedo, que todos los golpes que uno puede recibir a lo largo del día van justamente a esa minúscula zona del dedo ya dolorida. No es que critique el que se hagan, al contrario, es fundamental estar informado, pero ya son demasiadas veces al día las que deseo ser una ignorante. Llevan anunciando una semana un programa que emiten hoy sobre la venta de menores en Perú y llevo una semana convencida de que nada de lo que esta noche vea va a sorprenderme, esa es la cuestión. Esa es la tragedia. Desde luego me va a repugnar, pero no me va a dar más información de la que ya conozco.

 

Quiero ser madre. Y quiero adoptar, porque existe la adopción. Ojalá no existiera. Eso significaría que no habría niños ni niñas que necesitaran una familia y que no habría familias que tuvieran que renunciar a sus hijos. También que no habría menores que, por su perfil, se quedaran fuera de los canales de adopción y que no habría miserables que se enriquecieran (o sobrevivieran) “buscando bebés” y engañando a familias.  Pero existe la adopción… y existe el tráfico de niños.  Y ya que es mucho más complicado (que no imposible) dejar de “expropiar” la riqueza de los países pobres y evitar que pierdan a su gente joven en circuitos migratorios y a sus niños y niñas en circuitos de adopciones internacionales, al menos, se deberían garantizar todos y cada uno de los mecanismos necesarios para la lucha contra el tráfico de personas.  Y si no existen esos mecanismos, si no existen esas garantías para evitar que se aproveche la adopción, el deseo de los padres y la necesidad de los niños, para traficar con los más vulnerables, los menores, son las autoridades las que deben actuar, si es necesario, incluso con el cierre de países. Pero no sólo, las familias somos parte del proceso y es nuestra responsabilidad exigir la máxima transparencia en la procedencia de los menores y no transigir con ni una mínima duda.

 

Veré el reportaje, no me sorprenderé, se me desgarrará el alma y renegaré de mi especie. Pero no seré cómplice.

 

Desde hace tres semanas todos mis días son sábado antes de las elecciones, vivo en continua jornada de reflexión. Quiero dar una oportunidad a Vietnam, espero poder dar un voto de confianza a su sistema de adopciones. Quiero pensar que, a raíz de las denuncias, el DAI está trabajando para garantizar la legalidad en los procesos y que España está colaborando en ello. Deseo con todas mis fuerzas que el gobierno vietnamita tenga capacidad para cumplir el texto del convenio… 

 

 

…y poder seguir teniendo mi ventana abierta a Vietnam

 

EL VIAJE

 

¿Y… una vez en Vietnam?

 

Una vez en que se llega a Vietnam, se viaja a la provincia donde se encuentra el orfanato donde reside el o la menor, se realiza el abono de las tasas provinciales y se firma el compromiso del seguimiento postadoptivo que la normativa vietnamita exige.

 

A partir de ahí, el Servicio de Justicia Provincial, en el plazo de 7 días, envía al Comité Popular de la Provincia el expediente del menor y de la familia con la propuesta de adopción para que firme, también en un plazo de 7 días, la decisión definitiva de adopción y la devuelva al Servicio de Justicia. Si el Comité Popular decidiera denegar la solicitud de adopción, debe justificar esta denegación. En caso de aprobarla, organiza el acto de entrega y recepción del niño o de la niña, el registro de la adopción, y el archivo del expediente.

 

Ya con la adopción registrada, se viaja a la capital del país, Hanoi, para la tramitación del pasaporte vietnamita de quien es ya parte de la familia y el visado para su entrada en España.

 

¿Cuánto tiempo dura y dónde se desarrolla el viaje?

 

Se realiza un único viaje a Vietnam y la estancia dura aproximadamente tres semanas, aunque este período puede variar en función de la provincia donde resida el niño o la niña. Durante este tiempo la estancia transcurrirá en dos localizaciones, la provincia de residencia del/a menor y Hanoi.

 

 

¿Cuál será su nacionalidad?

 

Aunque Vietnam está gestionando la posibilidad de legislarla, aún no existe la doble nacionalidad, así que, a efectos de este país, el niño o la niña mantendrá la nacionalidad vietnamita hasta la mayoría de edad, en la que podrá elegir entre ésta y la española.

 

Como el o la menor mantiene la nacionalidad vietnamita cuando sale del país, necesita de un visado para la entrada en España. Una vez aquí, y realizados los trámites de registro de la adopción, el menor adquiere inmediatamente la nacionalidad española.

PROCEDIMIENTO Y TRAMITACIÓN

 

¿Cómo se elabora el expediente para adoptar en Vietnam?

 

Una vez elegido Vietnam en el Certificado de Idoneidad, éste, junto al informe psicosocial, es enviado desde la entidad pública a la ECAI (Entidad Colaboradora de Adopción Internacional) seleccionada. En Andalucía están acreditadas para tramitar en Vietnam las siguientes ECAIs: ACI, ADECOP y CREIXER JUNTS.

 

El resto de documentación, que debe presentarse en original por duplicado (en el caso de los matrimonios también por duplicado para cada uno de los cónyuges), será recopilada por la familia. La validez de la documentación solicitada es de un año desde la fecha de expedición hasta la fecha de registro del expediente en el DAI, con excepción del certificado médico y el certificado de antecedentes penales, que tienen una validez de seis y tres meses respectivamente.

 

Los documentos que conforman el expediente son:

  • Certificado de Idoneidad
  • Informe Psicosocial
  • Certificado internacional (o plurilingüe) de nacimiento
  • Certificado internacional (o plurilingüe) de matrimonio o Fe de Vida y Estado, en el caso de las personas solteras.
  • Certificado médico oficial
  • Certificado de antecedentes penales
  • Certificado laboral y de Ingresos económicos
  • Cuatro fotocopias del pasaporte en vigor compulsadas ante Notario
  • Tres fotografías, tamaño carnet y reportaje fotográfico del entorno familiar y social y de la vivienda habitual
  • Solicitud de adopción (según modelo oficial).
  • Compromiso de seguimiento (según modelo oficial)

 

¿Cómo se tramita la adopción en Vietnam?

 

La documentación, legalizada y traducida al vietnamita, es presentada por la ECAI en el DAI, que revisará el expediente y en caso de estar correcto, enviará al Departamento de Justicia Provincial una comunicación para que éste solicite a los diferentes orfanatos la asignación de un menor en función del perfil y la idoneidad de la familia.

 

 

El orfanato seleccionará al menor adoptable, adjuntando su documentación correspondiente, y hará la propuesta a los Servicios de Justicia Provinciales que, una vez verificado el expediente del menor remiten al DAI un informe.

 

Los documentos incluidos en el expediente del menor son:

  • Certificado de nacimiento
  • Según sea el caso:
    • Certificado de abandono
    • Certificado de defunción de los padres
    • Certificado de renuncia
    • Sentencia judicial
  • Decisión de institucionalización
  • Acta de entrega a la institución
  • Certificado del director de la institución
  • Certificado médico
  • 2 fotografías en color
  • Conformidad con la adopción (en el caso de menores a partir de 9 años).

El DAI comprueba el informe de adoptabilidad y si lo considera válido envía, a través de la ECAI, la preasignación del menor. Esta preasignación, una vez conforme la Dirección General de Infancia y Familias (en el caso de Andalucía), se informa a la familia para su aceptación, que, una vez realizada, deberá ser comunicada al DAI en el plazo de 30 días.

 

A su vez, el DAI enviará esta comunicación al Departamento de Justicia Provincial que hará lo mismo con el orfanato, al que enviará instrucciones y el expediente completo de la familia. En el plazo de entre 30 y 60 días, el Departamento de Justicia, notificará la  obligación de la familiar de viajar a Vietnam para finalizar el trámite de adopción y recoger al menor.

Espero que esta información ayude a responder algunas de las preguntas más frecuentes sobre la Adopción Internacional en Vietnam. Al ser mucha la documentación recabada y de muy diversas fuentes (Embajada de Vietnam en España, Junta de Andalucía, grupo Msn Adopvietnam y revista nº30 Niños de Hoy) he preferido ir sistematizándola y agruparla en tres apartados (Post) que tratarán tres bloques de contenidos. Este primero aborda la legislación que regula la adopción internacional en Vietnam y los requisitos para adoptar en este país. El segundo tratará el procedimiento, la elaboración del expediente y su tramitación  y el tercero versará sobre el proceso, los tiempos y el viaje a Vietnam.

 LEGISLACIÓN Y REQUISITOS

¿Cuál es la legislación que regula la adopción internacional de familias españolas en Vietnam?

En Vietnam

·     Ley sobre matrimonio y familia (Ley nº 22/200 QH 10 de 9 de junio 2000)

·     Ley sobre nacionalidad vietnamita (Ley nº 07/1998/QH10 de 20 de Mayo 1998)

·     Decreto nº 68/2002/ND-CP sobre la Familia y Matrimonio. 2 de enero de 2003

·     Circular del Ministerio de Justicia nº 07/2002/tt-btp DE 16/12/2002

·     Convenio de Cooperación en materia de adopción entre el Reino de España y la República Socialista de Vietnam de 5 de diciembre 2007

·     Vietnam no ha firmado el Convenio de la Haya

En España

·     Instrumento de ratificación del Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, hecho en la Haya el 29 de mayo de 1993

·     Ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción internacional

·     Real Decreto 521/2005, de 13 de mayo, por el que se crea el Consejo Consultivo de Adopción Internacional

·     Convenio de Cooperación en materia de adopción entre el Reino de España y la República Socialista de Vietnam de 5 de diciembre 2007

En Andalucía

·     Decreto 282/2002, de 12 de noviembre, de Acogimiento Familiar y Adopción

·     Decreto 454/1996, de 1 de octubre, sobre habilitación de instituciones colaboradoras de integración familiar y acreditación de entidades colaboradoras de adopción internacional

·     Orden de 13 de diciembre de 2007, por la que se crea y regula el Registro de Reclamaciones de Entidades colaboradoras de Adopción Internacional en Andalucía.

 

¿Qué personas pueden adoptar en Vietnam?

 

Aquellos matrimonios (se da prioridad a matrimonios sin descendencia) y personas solteras (la legislación vietnamita prohíbe adoptar a homosexuales), mayores de 25 años (con una diferencia mínima de más de 20 con la o el menor a adoptar), que estén en posesión del Certificado de Idoneidad, emitido por los Servicios de Protección de Menores de la Comunidad Autónoma correspondiente. 

 

¿Qué menores son adoptables en Vietnam?

·     Menores de quince años, o mayores de quince con discapacidad, que residan en instituciones infantiles legalmente establecidas. Si tienen más de nueve años deben dar su consentimiento para la adopción.

·     Niños y niñas abandonados/as, huérfanos/as, con discapacidad, enfermedades crónicas, enfermedades infectocontagiosas (VIH) y víctimas de la bomba química que se encuentren en instituciones infantiles legalmente establecidas y declarados susceptibles de adopción por los organismos competentes en Vietnam: el Departamento de Asuntos Sociales, el Departamento de Justicia de la Provincia y el DAI (Department of Adoption Intercountry)

·     El DAI no declara adoptable en el contexto internacional a un niño o una niña sin asegurar previamente el reencuentro con la familia biológica y, en un segundo momento, la búsqueda de una familia adoptiva vietnamita

·     La mayoría de los menores en adopción que residen en instituciones vietnamitas tienen una edad inferior a dos años y existe un porcentaje equilibrado entre niños y niñas.

 

¿Qué efectos tiene la adopción en Vietnam?

 

La decisión del Presidente del Comité Popular Provincial tiene carácter administrativo y la Resolución DGRN de 6 de mayo de 1999 le da carácter de Adopción Plena  

 

No sé qué hizo que me enamorase de Vietnam, […] el que todo sea tan intenso, los colores, el sabor, incluso la lluvia […]. Dicen que busques lo que busques puedes encontrarlo aquí. Dicen que cuando vienes a Vietnam entiendes muchas cosas en pocos minutos, pero el resto… tienes que vivirlo. El olor es lo primero que llama tu atención, te lo promete todo… a cambio de tu alma.

(El americano impasible)

 

Sé que es lo que hace que me esté enamorando de Vietnam. Imagino que, de alguna forma, y, aunque sólo de manera unidireccional y por ello más sencillo, es parte de un proceso de apego. Ese apego del que tanto te hablan en los cursos de formación y que se forja en el día a día. Con el conocimiento, con el trato, el contacto, el roce, con la confianza, con las confidencias. Ese apego que ves que no es tan fácil de conseguir, o, al menos, tan rápido, y que no funciona ni mucho menos como los flechazos. Ojalá fuese así. Pero no lo es. Ese apego que hay que aprender a desarrollar y para el que tendremos que darnos tiempo y paciencia mi pequeño dragón y yo. Y también el resto.

 

Pensándolo bien, todo funciona de la misma manera. No se nace queriendo a determinadas personas. Se aprende a quererlas. Y lo que es aún más complicado, el más difícil todavía, se enseña, o se intenta enseñar, a que te quieran. No sé si creo en el destino, depende quizá del día o quizá del ánimo. Creo en un hilo rojo, no tengo la menor duda, pero también, y más, en un proceso, una trayectoria, un camino, y un trabajo. Un conocer, y conocer, y conocer, y… empezar a querer… y un seguir conociendo.

 

Y es conociéndolo como -yo, que siempre he mirado al sur, que siempre he coqueteado con África-,  me estoy enamorando de Vietnam

 

Este es Vietnam, situado en el sudeste asiático, el país más oriental de la Península Indochina. Tan lejano que encuentras la Cochinchina, tan mágico que ves dragones volar.

 

 

La República Socialista de Vietnam se denomina oficialmente “Công Hòa Xa Hôi Chu’Nghiã Viêt Nam”.  Tiene forma de S, de serpiente, de caña de bambú con la que los campesinos transportan arroz,  una extensión de 331.690km² y más de 87 millones de habitantes. Limita al norte con China, al sur y al este con el mar de China y al oeste con Laos y con Camboya. Se divide en tres regiones, norte, centro y sur, que se corresponden con sus Regiones Administrativas de Tonkin, Annam y la Cochinchina y sus ciudades más importantes son su capital, Hanoi, y Ho Chi Min, la antigua Saigón

 

El idioma oficial es el vietnamita o anamita, si bien, y como una de las muchas herencias de su historia colonialista, también se habla el francés, el inglés, el ruso y el chino. Su moneda es el Dông y es un país, que aunque aún se sitúa entre los más poblados de mundo y más pobres de Asia, empieza a despuntar. Que se coloca en el grupo denominado de los “próximos once” en relación a su potencial posibilidad de inversión y a su ritmo de crecimiento económico.

 

Un pequeño país que se define orgulloso y alegre… que seguiré conociendo… y espero que vosotros conmigo!

El 3 de marzo de 2008 ha pasado a ser, espero que junto a otras muchísimas más que estén por venir, una de las fechas más importantes y decisivas de mi vida. Fue el día en que entregué en la Delegación de Igualdad la solicitud de adopción. Fue el día en que, oficialmente, comenzó el viaje de la libélula. Un viaje vital con un claro fin y, por aquel entonces, un dudoso destino. Ha pasado mucho tiempo y han pasado muchas cosas desde ese momento. Pero, sin duda, lo más importante es que he conseguido el pasaporte para empezar a cruzar fronteras y he sido capaz, no sin muchas dificultades, de vislumbrar hacia donde me debe dirigir la brújula.

Ya lo tengo claro, es en Vietnam donde mi hijo o mi hija me espera, desde donde tira fuerte del hilo que nos une, es la tierra que lo/a ha visto o lo/a verá nacer. Vietnam, testigo del abandono y del encuentro, testigo de su futuro, de nuestro futuro.

Hace tiempo comencé un diario, me resultaba imposible expresar con palabras algunos de los sentimientos, miedos, dudas, y emociones que me embargaban de manera continua. Pero de la misma manera, era imposible imaginar que todo lo que estaba experimentando cuando pensaba a veces en él, a veces en ella, en ocasiones con la piel de chocolate y en ocasiones con ojos de luna, se quedara en un vago recuerdo o en algún episodio anecdótico y que, al pasar el tiempo, no fuese capaz de trasmitírselo tal y como lo estaba sintiendo. Así que en mayo comencé lo que será parte de su “libro de vida”.

Ahora, aunque no en ese grado de intimismo, me surge la necesidad de escribir un cuaderno de viaje, y bien aconsejada, lo hago a través de estas páginas. Necesito conocer, empaparme de la que empieza a ser mi segunda patria, y necesito y quiero compartirla.

Espero que este pequeño cuaderno de bitácora ayude a conocer un poco más esa tierra donde los dragones vuelan, y me de la oportunidad de compartir con vosotros, algunos de esos anhelos, experiencias y sentimientos que difícilmente podría o sabría hacer de otra manera. Porque yo, como el viajero Baldassare, mientras otros escriben como hablan, escribo como callo.

Gracias, de todo corazón, por acompañarme en este viaje.